28 de junio de 2008

Mi bestia negra (Capítulo III)

En un año cambió mi modo de vestir y de peinarme; empecé a limarme las uñas, y después de ella jamás he vuelto a hacerlo; pisé con cierta asiduidad un campo de fútbol, y si antes apenas lo había hecho, después no volví a hacerlo.

Pero también en ese año me acostumbré a las habitaciones de hotel para una noche; a que mi coche sirviera para algo más que para desplazarme; a que la palabra masturbación, con sus manos, adquiriera otra dimensión; y a que las palabras sexo y control tuvieran una relación, entre ellas, inusitada para mi hasta ese momento.

Jamás he tenido unas relaciones sexuales tan dificultosas como las que tuve con ella. Una velada romántica en su mano acababa convirtiéndose en una guerra de sexos donde se hubiera de dirimir quién era el sexo fuerte, el que tenía el control.

Si yo entiendo las relaciones sexuales como un intercambio de sensaciones y una entrega recíproca, ella lo entendía como un juego de poder a poder. En esa dialéctica nuestra relación sufrió grandes altibajos.


A lo mejor estoy muy equivocado, pero yo pensaba que en el amor y en el sexo (que no están tan distantes como muchos intentan hacernos creer) lo que importa es una buena comunicación. Se trata de que dos cuerpos se entiendan y se compenetren, de que hagan un buen trabajo en equipo con el objetivo de salir ambos beneficiados con una buena descarga eléctrica que nos recorra el espinazo.

27 de junio de 2008

Mi bestia negra (Capítulo II)



Subía en el ascensor que lleva a su oficina y la sola idea de volver a verla hizo que se me encogiera el estómago. Llamé a la puerta entreabierta y sonrió como si fuera ayer cuando la ví por última vez.

Sabía que cualquier día me pasaría por allí, pues había dejado un recado que indirectamente era para ella.

Sin importarle que su jefe estuviera allí me saludó con un abrazo y atrajo mi cuerpo hacia el suyo como si los últimos once años no hubieran existido, como si nosotros hubiéramos sido sólo buenos amantes sin reproches, como si yo no supiera de lo que ella era capaz.

Pero no fuimos eso, ni mucho menos.

Fuimos una locura arrebatada por mi parte y un tropiezo innecesario por la suya.

Fuimos un choque de sexo y de cabezas.

Fuimos una historia que nunca debió gestarse en la mente de nadie para evitar heridos en combate.

Si yo era cabezota ella me superaba. Si yo quería darle placer, ella quería que yo fuera quien lo tuviera.

El año largo que duró nuestra historia mi ser entero quedó a su merced salvo en un aspecto, que fue en buena medida la pólvora de nuestra ruptura… aunque la mecha fuera otra.

24 de junio de 2008

Mi bestia negra (Capítulo I)



Hace algunos días me surgió una necesidad de información, y la persona a la que tenía que recurrir para conseguirla era una ex novia. Mejor dicho, era la ex novia por excelencia, mi bestia negra particular.

Para no parecer exagerado me gustaría aclarar que, de todas las chicas con las que he salido a lo largo de estos casi 25 años, esta en particular fue la única con la que corté yo.

No. No estoy mintiendo. En casi todas las ocasiones la decisión fue propuesta por una u otra parte, o por las dos casi al unísono, pero casi siempre de mutuo acuerdo. En unas pocas relaciones fueron ella quienes me dieron la patada en el culo, y sólo en esta ocasión fui yo quien tomó unilateralmente la iniciativa y la decisión.


Y me costó.

Me costó ir durante meses al psicólogo.

Me costó varias estaciones de mal cuerpo y peor espíritu.

Me costó porque la quería con locura y, si lo analizo fríamente, aún me atrae su cuerpo delgado y trotón.



Me costó porque me enternece su mirada chispeante, me corroe las entrañas su voz –absolutamente embriagadora- cuando habla por teléfono.

Me costó porque sus pechos abruptos harían volver la mirada al coloso de Rodas y sus piernas a los colosos de Memmón.

Y justamente ayer volví a verla.

21 de junio de 2008

En silencio


El capitán amaneció
acariciando
un hueco
apenas tibio
del colchón.

A su saludo
respondió una espalda
y un muro de silencio.

Soledades de marinero
en tierra de lamias.

19 de junio de 2008

Ayer mismo en ella ... y hoy para mi.




Ayer mismo ella
dio por zanjada la singladura
tras el rancho.
El gesto sereno
y la decisión tomada meses atrás
sin saber día
ni hora.

El capitán ya no gobernaba ni
siquiera
gruñía
en su camarote.

El grumete,
acodado en la borda

silbaba el soplen serenas
las brisas,
ruja amenazas la ola...
mas nada decía.

Silencios encontrados
hacen del buque pecio
donde hay seres que no...
que ya no son uno en la bodega
y dos en la cubierta.


Hoy para mi es el cable
no por esperado menos
sorprendente.


Hoy las sirenas plantan
salitre
en mi pecho tras muchas mareas
en que mi dorna meca

hace aguas
y yo,
marinero en tierra extraña,
tercio velas y teso cabos.

El pairo siempre
fue una buena alternativa
para un mal marino
que no quiere,
que no puede perder
parte de su tripulación
ni de su carga

y duda
si levar anclas y dejar la nao
a merced de la galerna
o seguir dando bordadas
a ciegas
hasta encallar entre rocas
o entre playas.




¿Qué importa más? ¿el inicio o el fin?



El inicio de este blog tiene su importancia, porque sin inicio no hay un fin.

En este caso el inicio viene precedido de más de un año de lecturas a hurtadillas de infinidad de blogs en los que he curioseado, cotilleado, disfrutado y sufrido las aventuras y desventuras de sus autores y autoras.

A mayores, este inicio es fruto de una reflexión profunda sobre la conveniencia o no de su existir. Esta reflexión me ha llevado en torno a dos o tres semanas.

Para colmo de males lleva abierto casi un mes y aún no me he decidido hasta hoy a redactar la primera entrada. Sólo espero que el ritmo de publicación habitual sea algo más frecuente. Una vez dado el primer paso el resto suele venir rodado.

Ahora que ya estoy metido en harina os diré que este blog también tiene un fin, aunque supongo que todos más o menos tienen un fin más o menos claro para su autor o autora.

Este blog es una herramienta de catarsis... una especie de moderno confesionario en donde iré desgranando mis aproximadamente 25 años de vida sentimental, mis aventuras y desventuras con mujeres (básicamente) aunque algún hombre también haya pasado de manera furtiva.


Y es que me confieso, después de lo dicho anteriormente, un profundo y sincero admirador del ser femenino (en cuerpo y alma, en sangre y pelo, en sexo y calma) y un honesto detractor de la actitud de algunas mujeres con las que me he topado. Aún así, son multitud las buenas sensaciones que me han proporcionado y sólo una minucia las malas.

Ahora nada más. Sirva este principio de incertidumbre para saludar a todos los lectores y lectoras que han sido invitados personalmente por correo electrónico y, a quienes por aquí pasen casualmente o por rebote, gracias por guareceros en mi blog.