El inicio de este blog tiene su importancia, porque sin inicio no hay un fin.
En este caso el inicio viene precedido de más de un año de lecturas a hurtadillas de infinidad de blogs en los que he curioseado, cotilleado, disfrutado y sufrido las aventuras y desventuras de sus autores y autoras.
A mayores, este inicio es fruto de una reflexión profunda sobre la conveniencia o no de su existir. Esta reflexión me ha llevado en torno a dos o tres semanas.
Para colmo de males lleva abierto casi un mes y aún no me he decidido hasta hoy a redactar la primera entrada. Sólo espero que el ritmo de publicación habitual sea algo más frecuente. Una vez dado el primer paso el resto suele venir rodado.
Ahora que ya estoy metido en harina os diré que este blog también tiene un fin, aunque supongo que todos más o menos tienen un fin más o menos claro para su autor o autora.
Este blog es una herramienta de catarsis... una especie de moderno confesionario en donde iré desgranando mis aproximadamente 25 años de vida sentimental, mis aventuras y desventuras con mujeres (básicamente) aunque algún hombre también haya pasado de manera furtiva.
Y es que me confieso, después de lo dicho anteriormente, un profundo y sincero admirador del ser femenino (en cuerpo y alma, en sangre y pelo, en sexo y calma) y un honesto detractor de la actitud de algunas mujeres con las que me he topado. Aún así, son multitud las buenas sensaciones que me han proporcionado y sólo una minucia las malas.
Ahora nada más. Sirva este principio de incertidumbre para saludar a todos los lectores y lectoras que han sido invitados personalmente por correo electrónico y, a quienes por aquí pasen casualmente o por rebote, gracias por guareceros en mi blog.


